El presente blog que viene abajo no tiene nada que no haya en otros blogs literarios, simplemente retomo eso que le dio de comer a tantos otros escritores fracasados, hablar de las mujeres que no consiguen o de las otras, las que se fueron. Como capitán, que huye, en franca retirada de las relaciones, me permito contar secretos de diván, escabrosos relatos de cama y de hoteles para que sucumban de pavor esas otras desconocidas que supieron ser garabato de mi muñeca, bueno, no son todas las que yo hubiera querido así que voy evitar nombrarlas para que no quede en evidencia mi falla. Pero no sólo de mujeres vivimos, así que también hay otros temas y otros formatos, tenemos cortometrajes, tenemos novelas, tenemos cuentos, bueno, cuentos no, chinos tampoco, pero hay intersecciones y cartas, fotografías re contra artísticas y otras en la que sólo aparece mi cara. Bueno, el resto del blog es mejor que el prólogo, no lo prometo pero créame.

4 de noviembre de 2007

El Escribidor, Deconstruyendo...

Una tarde con suerte
como todas las veces,
que no la conoció y la perdió,
como todas las tardes de tren
en las que ella sube y se sienta,
en el mismo lugar,
leyendo el mismo libro.

El escribidor carece de valor.

Ella repetía el rito
mirando hacia donde estaba él,
segura de sí misma mantuvo la vista,
casi gozando
cuando él la bajaba.
Y mira su boleto,
estudió la fecha
y perderá el tren más tarde,
por miedo a que ella lo miraba mañana.

El tiempo no existirá cuando se trataba de ella,
el escribidor lo sabía,
por eso despertaba tarde en la madrugada,
temprano a la noche,
con los pies descubiertos,
congelados en calor,
tapados con su inseguridad.

Segura, firme siempre ella está,
en este momento él me lo contará,
subió la vista, recogiendo ese instante en su retina,
para soñarla ayer otra vez.
Yo le pregunté dentro de un rato
que es lo que esperás?

La magia está me dirá.

Quizás todo mejore, tu presente fue feliz después de mañana a la tarde,
le confirmé.

El escribidor dejó de hablar, sólo cerró los ojos
y comenzó a viajar en tren,
sintiendo que desvanecía
desgastando la mirada
cada vez que ella le clavaba la suya,
espiando por lo bajo,
recordando,
la fecha del boleto que nunca más volverá tomar
por miedo a llenarse de valor
y perder la magia,
de soñar con lo que puede ser
y ya no es, porque todo es nuevamente
un aburrido presente de feliz realidad.

1 comentario:

cadena de enlaces dijo...

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espero tu respuesta enla semana.

Donde andás?