El presente blog que viene abajo no tiene nada que no haya en otros blogs literarios, simplemente retomo eso que le dio de comer a tantos otros escritores fracasados, hablar de las mujeres que no consiguen o de las otras, las que se fueron. Como capitán, que huye, en franca retirada de las relaciones, me permito contar secretos de diván, escabrosos relatos de cama y de hoteles para que sucumban de pavor esas otras desconocidas que supieron ser garabato de mi muñeca, bueno, no son todas las que yo hubiera querido así que voy evitar nombrarlas para que no quede en evidencia mi falla. Pero no sólo de mujeres vivimos, así que también hay otros temas y otros formatos, tenemos cortometrajes, tenemos novelas, tenemos cuentos, bueno, cuentos no, chinos tampoco, pero hay intersecciones y cartas, fotografías re contra artísticas y otras en la que sólo aparece mi cara. Bueno, el resto del blog es mejor que el prólogo, no lo prometo pero créame.

6 de junio de 2007

Capitulo 36

“Las estupideces que hacen los hombres para conquistar a una mujer
son las estupideces que dejan de hacer cuando las conquistan”

El hombre desde que se levanta hasta que se acuesta tiene una sola idea en la cabeza, sexo rápido y fácil, cuando se despierta no piensa en la hora que es o que tiene que hacer en ese momento, tantea la cama con sus manos y, si no hay nadie mas aparte de él, cuenta las horas, días, meses y hasta años que lleva sin una mujer durmiendo con él. Luego de ésto piensa, otra vez, en sus futuras víctimas, primero analiza pretencioso (alguna semi modelo que él conozca), pero con el tiempo es capaz de mordisquear cualquier cosa que se le presente (la gordita que se empacha de panchos en la plaza camino a su trabajo), piensa en cualquier señorita que trabaje, estudie o desarrolle cualquier otra disciplina con él. Cualquiera puede ser la desgraciada que le saciará las ansias sexuales a un ser tan despreciable y degenerado como éste. Estos individuos saldrán a la calle y se encontrarán con las pobres ovejas indefensas (usted, la mujer deseosa de amor verdadero), y cruzará palabras bellas con todas hasta que él suponga que alguna tiene doble intención con él, totalmente equivocado estará este horrible individuo. En ése momento intentará averiguar todo tipo de datos sobre la pobre víctima, teléfono, dirección, pasatiempos y todo lo que tenga que ver con ella. Hablará con sus amigotes en un círculo vicioso de alcohol y cigarrillos, por no decir otras porquerías ilegales, e intercambiaran tácticas y consejos graficados con ejemplos que ellos ya vivieron con otras pobres damas. Si alguno, o varios de ellos, conoce como actúa nuestra amiga, en la que uno de ellos ya puso los ojos, o bien ya han estado muchos de ellos relacionados íntimamente con ella, trataran de facilitarle las cosas a su secuaz en esto de estafar al corazón, y se acordaran de momentos ya vividos lanzando risas socarronas de verde proxeneta. El hombre se retirará de estas conversaciones, seguramente borracho, sabiendo que hacer y asegurándose la conquista ya facilitada. Caso contrario, de no recibir buenos consejos, es muy común que la hostigue por teléfono y recurra a los lugares nocturnos que la mujer rara y ocasionalmente visite. De más esta decir que un encuentro causal puede llevar a nuestras cabecitas a hacer cualquier cosa, yo en lo personal les aconsejo que no se entreguen tan fácil a los pocos encantos masculinos y que resistan por lo menos dos o tres noches, ¡no es mucho pedir! Así se evitará los comentarios de viejas brujas chismosas, como por ejemplo sus amigas. Esto siempre sucede, más aun si el hombre en cuestión tiene un carisma y una expresión facial que a las damas les gusta. Mi consejo, en el caso de que lo rechace al menos una sola noche, es que trate de ocultar sus deseos hasta conocer un poco mas, al menos, a la otra persona. Caso contrario, en el que no resista y haga un desastre en la primera noche, no tengo nada mas que decirles. Ya que les he dicho todo lo que hacen para conquistarlas, y después olvidarlas, esos míseros bastardos llamados hombres.
Olvidé decirles que también hay otros tipos de hombres, que usan otras tácticas: las llaman por teléfono y le dicen cosas bonitas o las invitan al cine o les dedican poemas que ellos mismos escribieron, también las tratan con ternura en todo momento. Parecen distintos pero no lo son, en el fondo siguen siendo hombres. Además esta comprobado que las mujeres dejan de lado a estos pobres infelices que se quedan estáticos, y sin abalanzarse hacia ustedes en algún lugar de moda o algo donde haya mucha gente, estos tan solo se manifiestan por escritos o melodías que ellos mismos componen. No pierda el tiempo con estos imbéciles. También existen los tímidos, de los cuales no tengo mucho que decir. Si no se animan a actuar, ¡por algo debe ser! Por eso debe ser que siempre terminan con mujeres gordas y feas que les gritan y ordenan todo el tiempo. ¡Bien merecido se lo deben tener, algo habrán echo!
De lo que hacen después de conquistarlas no hay mucho que decir, les parecerá un resumen lo que sigue a continuación, pero es así, porque lo que hacen después es... nada, no hacen nada. Solo salir corriendo, en horas de la madrugada, a tocarles el timbre a alguno de sus amigotes y contarle como violó, prácticamente, a la mujer conquistada. Esto es lo único, a parte de hacerla sufrir, que harán, y no por ustedes sino por ellos y su gran ego. Así que ahora que esta en pareja prepárese a llorar y a preguntarse ¿por qué? todo el tiempo.
Esto que sostiene en sus manos es mi pequeña gran colaboración para usted, desde ya le agradezco otra vez el haber confiado en mi comprando este ejemplar. Recuerde que si alguna amiga se lo pide prestado, usted gentilmente le dirá que en cada kiosco y en cada librería hay una parte de mi esperándolas y a un precio muy accesible. ¡Cómprenme!
Estrella terminó de leer estas hojas, del libro de Esmeralda, y quedó absorta, los ojos abiertos casi tocan su mentón y este sus rodillas. Cerró el libro indignada, apoyó su cabeza sobre sus manos y el codo sobre el libro. Trató de ser fuerte, muy fuerte, pero no pudo evitarlo, lloró y quiso gritar pero no se animó por miedo a que la escuchen sus familiares del otro lado de la puerta de su habitación. Arrancó una hoja y comenzó a intentar escribir algo sin sentido pero con bronca que descargue la suya.

Regreso lo vivido que no me espera
en este sube y baja sin equilibrio,
busco el rechazo que no me espanta
para morirme de odio y en paz.

Antítesis que no choca
y provoca heridos,
sin rasguños que sangran,
en sueros vacíos que no se terminan.

Recojo lo que tiro sin levantar el piso
que me cae encima
de las palmas de mis manos,
callosas de no trabajar.

Realidad surrealista, sin sueños,
de insomnios que duermen de día
a la luz de una luna vacía
y de seres inhumanos.

Basura que tiro en la heladera
pateando lo que voy a comer
del plato del perro infiel
que no ladra al ladrón,
mastica mi sangre espesa.

Estupidez inteligente que tiene un fin raro
con principio de recuerdos y epifanías
de un diablo bañado en el agua bendita
del gran absurdo, dios.

No quiso escribir más, guardó su hoja, y se quedó sentada sin hacer nada, mirando la noche que entraba por su ventana. Trató de contar las estrellas pero se rindió enseguida, solo miró con entusiasmo a la cruz del sur, soñando con llegar a todos los puntos cardinales sin saber que de algún modo lo está logrando. Bajó la vista y siguió mirando la calle vacía. Vió una silueta que avanzaba por la calle, reconoció esa figura. Tomó el libro y salió corriendo a su encuentro, atravesando todas las puertas de su casa, con la mirada atónita de todos los que andaban por ahí. Abrió la última puerta, la que da a la calle, y gritó un nombre.
- ¿Qué querés? – Le respondió un sonido fastidioso.
- Quiero hablar con vos, es un segundo nada más.
- ¿De qué querés hablar conmigo? Estoy apurada.
- En realidad no quiero hablar con vos, es para otra cosa que te llamé, es para...
- ¿Vos sos la que me insultaste anoche? – Interrumpió.
- Sí, te llamas Débora. ¿No?
- Sí, ¿por qué?
- Por nada, ¿a dónde vas?
- Por ahí, en todo caso a vos no te interesa eso y no tengo porque...
- Si, si, ya sé. Bueno, quería...
- Dale nena, ¿qué querés? – La apuró de mala gana.
- Quiero darte éste libro, tal vez te ayude.
- ¿Una novela? Ya tengo demasiado con ustedes y sus tristes historias.
- No, no es una novela, tomá. – Estira la mano y le alcanza el libro. ¿De qué tristes historias
hablás?
- La de ustedes, tienen los días contados.
- ¿Qué? – Preguntó desconcertada Estrella.
- Nada, no me hagás caso. Estoy tratando de asustarte, ya sabés vivo acá y conozco mil
historias de gente que no vuelve más. ¿De qué trata el libro? – Preguntó para cambiar de
tema.
- Es algo así como un autoayuda femenino, yo perdí el mío y este es de una amiga.
- ¿La otra que anda siempre con vos?
- Si, ahora está con el novio. En fin, te lo quiero regalar.
- ¡Qué cómico un libro así! – Dijo riéndose de Estrella.
- Bueno, me alegro que te diviertas. – Miró la puerta de su casa. – Me tengo que ir, chau.
- Chau, suerte y cuidáte. ¡Ah! gracias por el libro, alguna función le voy a encontrar, tal vez de
pisa papeles.
- De nada, usálo como quieras. – Dijo mientras camina hacia la puerta de su casa, sin darle ya
mayor importancia a Débora.
Se alejaron sus almas. Una siguió caminando sin entender el regalo estúpido que, igualmente, guardó en su cartera. Se detiene y piensa en el anterior rumbo, lo deshecha, avanza por otro lado, otro camino distinto pero con la misma entrega, el mismo regalo, ella, sin saber quién es Charles Ocilirca ni que dice. Para ella será un buen pisa papel o un buen alimento para el fogón, ese último le pareció el mejor uso, el que nunca le habían dado antes de ese día.
La otra, Estrella, quedó dentro de la casa, aliviada y desconcertada de haber regalado el libro absurdo. No sabe el fin de esa acción, ¿qué ventaja o que bien pudo hacer de eso?. Solo sabe que está perdida y que si no estuviera donde está caería otra vez en los brazos de cualquier extraño. Oscila entre la soledad y la desazón, la risa agónica y el llanto eterno, la felicidad desgraciada y la tristeza ensangrentada. Tanto mal le hicieron, pero es la última vez que va a vivir un desamor, un engaño. Se lo jura y lo repite, nunca más, nunca más, nunca más.
Pobrecita, tanto absurdo haciendo tanto mal y uno acá observando estas hojas, las últimas, sin poder hacer nada. Sólo leyendo, leyendo, leyendo. Esperando algún día cruzarte con alguien así, para cuidarla y protegerla, pero ante todo para quererla cada día un poco más. Atrapála antes de que sea tarde, antes de que le llegue el fin. Salí, afuera te espera, el mar te atrapa y ella también. Te lo dice la experiencia.



Fin
Aunque esta historia no termine,
aunque se vuelva a repetir,
nunca acaba,
nunca acaban las historias,
tampoco la incoherencia.

2 comentarios:

chino black dijo...

>Hola!! me encantaron tus instrucciones acerca de la conquista.entre por intercambio de links y estas entre mis favoritos
besos

kurtosis dijo...

saludos, continuadas lecturas muy meritorias.
Atte.
Kurtosis.

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